martes, 28 de enero de 2014

Jugando con latas



Hoy aprovechando una sola lata de refresco hemos hecho dos experimentos en clase:

LA LATA QUE NO EXPLOTA
¿Alguna vez os ha pasado que salís de la tienda muy felices con vuestra lata de refresco y al abrirla descubrís que habéis quedado empapados? Esto se debe a que la lata fue agitada, ya sea que lo supiéramos o no. Para empezar, el gas está disuelto en el líquido debido a un fenómeno muy particular que tiene muchos aspectos quE enseñarnos. Se trata de la propiedad de solubilidad.
En nuestra vida diaria, muchas de las cosas con las que convivimos y utilizamos son disoluciones, algunas otras no lo son pero se parecen bastante. Es un tema bastante interesante y complejo, pero este sencillísimo experimento ayudará a esclarecer muchas dudas.
Se trata de un experimento totalmente seguro, económico y sencillo. Sólo se requiere una lata de refresco, mismo que debe tener gas. La idea es agitar vigorosamente la lata, algo que podría resultar catastrófico si se hace en el salón y mucho más en un sitio alfombrado. Pero, la idea es entender qué sucede dentro de la lata para evitar la explosión de refresco hacia el exterior.

Para este experimento únicamente necesitarás:

  1. Una lata de refresco
  2. Permiso de vuestros padres, en caso de que se produzca un accidente
  3. Ganas de limpiar un desastre si no lo hacéis bien

Procedimiento:
Agita lo más fuerte que puedas la lata de refresco. Después, coge un cuchillo sin filo y dale unos golpecitos suaves pero contundentes a la lata por todas partes. Después, abre la lata y escucharás ese característico sonido que te indica que el gas está escapando, pero sin refresco volando y salpicando por todas partes.

 
Explicación:
La solubilidad es la propiedad que permite disolver el gas dentro de la lata de refresco. Normalmente, la solubilidad aumenta conforme aumentamos la temperatura y agitamos. Esto se debe a que, en la mayoría de los casos, se requiere introducir energía (ya sea en forma de calor o bien de movimiento) para que se lleve a cabo la disolución. Sin embargo, los gases no se comportan de este modo, de hecho se comportan en forma totalmente contraria.
Los gases tienden a aumentar el volumen que ocupan conforme aumenta la temperatura. Esto se debe a que las moléculas se encuentran “sueltas”, la unión entre ellas es muy débil. Al aumentar la temperatura, aumenta la energía y, en consecuencia, las partículas o moléculas de gas se mueven cada vez más rápido y necesitan un mayor espacio. Así, cuando estas se encuentran disueltas en un líquido, al líquido le es imposible retener al gas que se expande cuando se agita, ya que al agitar la lata también estamos introduciendo un tipo de energía que se conoce como energía cinética o de movimiento. Las moléculas de gas se mueven muy rápido, buscando escapar del líquido y de la lata.
Cuando se agita la lata y se abre, las moléculas de gas que ya tenían demasiada energía saldrán violentamente de la lata. Al hacerlo, llevarán consigo muchas moléculas de líquido, lo que provoca el desastre. Cuando le damos golpecitos a la lata, estamos favoreciendo que se acumulen todos los gases por encima del líquido, escapando del líquido que tenía “preso” al gas en su interior. Una vez que la mayoría del gas se coloca por encima y separado del líquido, es seguro abrir la lata sin que se produzca la explosión de gas y líquido.
Los gases tienden a aumentar el volumen que ocupan conforme aumenta la temperatura. Esto se debe a que las moléculas se encuentran “sueltas”, la unión entre ellas es muy débil. Al aumentar la temperatura, aumenta la energía y, en consecuencia, las partículas o moléculas de gas se mueven cada vez más rápido y necesitan un mayor espacio. Así, cuando estas se encuentran disueltas en un líquido, al líquido le es imposible retener al gas que se expande cuando se agita, ya que al agitar la lata también estamos introduciendo un tipo de energía que se conoce como energía cinética o de movimiento. Las moléculas de gas se mueven muy rápido, buscando escapar del líquido y de la lata.
Cuando se agita la lata y se abre, las moléculas de gas que ya tenían demasiada energía saldrán violentamente de la lata. Al hacerlo, llevarán consigo muchas moléculas de líquido, lo que provoca el desastre. Cuando le damos golpecitos a la lata, estamos favoreciendo que se acumulen todos los gases por encima del líquido, escapando del líquido que tenía “preso” al gas en su interior. Una vez que la mayoría del gas se coloca por encima y separado del líquido, es seguro abrir la lata sin que se produzca la explosión de gas y líquido.


LA LATA SALTARINA

Qué necesitas:


  1. Una lata de refresco vacía
  2. Un mechero
  3. Agua (sólo unas gotas)
Cómo se hace

Necesitamos la lata de refresco vacía, así que el primer paso será vaciar todo el contenido que tiene la lata y quitar la chapa de apertura que tiene encima- para quitarla solo tienes que moverla de un lado a otro durante algunos segundos. Una vez que la botella de refresco esté vacía y sin chapita, se pone al revés.

Ahora debemos conseguir que la lata se quede pegada momentáneamente a la mesa. Para conseguir esto, sólo debemos mojar la zona de la lata que está más pegada a la mesa. con esto se consigue que no se escape el aire y la lata quede “tensada” a la mesa.

Ahora viene la parte más sencilla, debemos pone la llama de un mechero pegada a la arte lateral de la botella y dejar que se caliente esa zona unos segundos. Podrás ver como en cuestión de segundos, la lata comienza a alejarse del fuego dando saltitos como si verdaderamente se estuviese quemando.

¿Qué es lo que está pasando?

La explicación de este experimento es muy sencilla. Al sellar la lata a la mesa con agua, estás calentando el aire que hay en el interior de esta y que se ha quedado atrapado porque hemos “tensado” la botella a la mesa con agua. Al darle calor, el gas comienza a expandirse y quiere ocupar más espacio pero no puede.

El aire intenta salir por la única zona que tiene la lata de refresco que es el agujero que tiene debajo y esa es la razón por la cual da saltitos.
 

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